Hay dos caminos para los artistas a prueba del tiempo: Los que, a pesar de los años, congelaron su sonido en un momento y nos transportan a él infinitesimalmente cada vez que los escuchamos, y giran con esos pedazos de historia - leyenda; y los que construyen sobre el tiempo, haciendo que su sonido carezca de toda cronología. Miguel Bosé pertenece al segundo grupo.
Cardio llegó tarde a mis manos, a casi un año de su lanzamiento, básicamente porque aquí en Perú la radio y la TV le ha sido esquiva. Es una obra integral y armónica, que transporta en algunas de sus canciones a los sintetizados hiperpopistas 80′s madrileños, mientras que en otras la influencia de los Beatles y Queen resulta innegable.
Letras que se entreveran, juegos de palabras, aliteraciones, omisiones de vocales y consonantes para forzar el cuadre como en las rimas versificadas de antes, múltiples idiomas, múltiples interpretaciones. Vale la pena.
Y si no me crees, créele al primer single y luego hablamos.